
La Provincia de María Auxiliadora organiza esta peregrinación que comenzó el 17 de agosto. Participan además salesianos/as cooperadores/as de otras tres provincias de la Región. Nos lo cuentan así:
Medjugorje 2025: Peregrinar con María, volver con el corazón renovado.
Hemos vivido unos días intensos de gracia en Medjugorje. Más que un viaje, ha sido un verdadero camino interior, donde cada paso en la montaña, cada oración compartida y cada silencio habitado por Dios se han convertido en experiencia de encuentro. Venimos de distintos lugares de España, pero desde el primer momento nos descubrimos familia, unidos por la fe y el carisma salesiano. Como nos recuerda nuestro Proyecto de Vida Apostólica, “los Salesianos Cooperadores se sienten íntimamente solidarios con la sociedad en la que viven y en la que están llamados a ser luz, sal y fermento” (PVA, art. 16). En estos días, esa llamada a ser luz se ha hecho palpable: en el Vía Crucis ofrecido por nuestras familias, en la Eucaristía celebrada con emoción, en los testimonios que nos tocaron el corazón y en la oración confiada ante María, Reina de la Paz. Uno de los regalos más grandes que hemos recibido ha sido la experiencia de los cirineos: hermanos y hermanas que, con sencillez y cariño, ayudaron a otros a subir y bajar el monte de las Apariciones y el monte de la Cruz. Con sus manos, sus palabras de ánimo o su bastón compartido, nos recordaron que nadie camina solo, que la cruz se hace más llevadera cuando se comparte. También fue motivo de profunda alegría compartir con la Hermandad de las Lágrimas de Guadix, que peregrinaba y celebrabamos con ellos la llegada de una nueva imagen de la Virgen Reina de la Paz para su asociación, signo de comunión y de envío, que nos recordó que María sigue siendo Madre que acompaña, une y renueva la fe de sus hijos. Hemos experimentado la fuerza de la comunidad, donde cada gesto de fraternidad —una mano tendida, una sonrisa, un silencio orante compartido— era signo de la presencia de Dios. Como decía Don Bosco, “la santidad consiste en estar siempre alegres”. Esa alegría, sencilla y profunda, nos acompañó en cada jornada, incluso en el cansancio. Volvemos a nuestras casas con el corazón ensanchado. Medjugorje no termina aquí: comienza en nuestras familias, en nuestros centros locales, en cada joven y cada hermano a quien estamos llamados a servir. María, Reina de la Paz, nos envía de nuevo al mundo para ser testigos de esperanza, humildes servidores y portadores de la alegría del Evangelio.








