Congreso de Europa Centro‑Este en Cracovia

EL CONGRESO QUE ENCENDIÓ NUESTROS CORAZONES CON EL «PRESENTE»

Hay eventos en los que se participa no solo con la mente, sino con todo el ser. Cracovia, finales de otoño. El aire era frío, pero en los corazones de los presentes ardía un fuego que no provenía del clima, sino de la vocación. Del 28 al 30 de noviembre de 2025, en el Seminario Mayor de la Sociedad Salesiana de Cracovia, se celebró el Congreso de Cooperadores Salesianos de la Región de Europa Central y Oriental bajo el lema: «Juntos en la Misión SSS. Fortalezas y Desafíos». Se reunieron cerca de 50 personas: representantes de las cuatro inspectorías de Polonia, además de la República Checa, Eslovaquia, Bielorrusia, Ucrania, Rusia, Croacia, Eslovenia y Hungría. Todos estaban allí con un solo propósito: redescubrir cómo vivir el carisma de San Juan Bosco aquí y ahora, en un mundo que necesita esperanza más que nunca.

La Primera Noche: Una Eucaristía que Abrió Corazones
Desde el inicio, el Congreso demostró cuánto nos necesitamos unos a otros. Cuando Blažka Merkac, nuestro Consejero Mundial, se unió a mí en nombre de las cuatro provincias polacas para dar la bienvenida a todos los participantes, vi en los ojos de todos la misma mezcla de curiosidad, esperanza y un profundo deseo de bondad. Por esa bondad que, como dijo Don Bosco, «nace en el corazón, pero vive solo cuando se convierte en don para los demás».
El Congreso comenzó con la Eucaristía celebrada por el Provincial designado, P. Dariusz Bartocha, SDB, con una homilía del P. Zygmunt Kostka, SDB.
No fue simplemente una liturgia de apertura, sino una entrada a un espacio de luz. En su homilía, el P. El P. Kostka nos recordó algo que a menudo se nos escapa en el frenesí de la vida cotidiana: que el carisma de San Juan Bosco no es un método, sino un espíritu: una forma de ver, una elección de amor que reconoce la bondad antes de que crezca. Habló de que «la santidad, en el sentido salesiano, no es el heroísmo de momentos extraordinarios, sino la fidelidad a los pequeños gestos de bondad realizados con corazón y constancia».
Sus palabras nos inundaron como semillas: sencillez, verdad, la alegría del Evangelio: esta es la atmósfera en la que los Cooperadores Salesianos estamos llamados a respirar. Muchos admitieron más tarde que esta homilía marcó el tono de todo el Congreso: cálida, espiritual, llena de luz.
La primera noche me confirmó que el Congreso fue, ante todo, un encuentro de corazones. La Eucaristía, las conversaciones compartidas, las risas en la cena, el «Buenas noches»… todo resonó con la confirmación de que el espíritu salesiano sigue atrayendo con sencillez, espíritu de familia y alegría. Cuando el P. El P. Dariusz Gojko pronunció su discurso de Buenas Noches. Pensé que la espiritualidad salesiana posee esta extraordinaria capacidad: despertar la gratitud por las cosas cotidianas.

El Segundo Día: Conversaciones que se Convierten en Camino
La mañana del sábado comenzó con la Eucaristía y la Oración de la mañana preparadas por las delegaciones de Bielorrusia, Rusia y Ucrania. El celebrante principal, el P. Provincial Marcin Kaznowski, SDB, inauguró la jornada con una homilía que resultó ser uno de los momentos espirituales más significativos del Congreso.
En su reflexión, nos invitó a contemplar el «Día del Señor» no con miedo ni visiones catastróficas, sino a través de la lente del Evangelio. Recordó que, aunque descrito en lenguaje apocalíptico, este día es sobre todo el día de la salvación, un momento en el que una persona puede ver una nueva luz, siempre que permanezca vigilante.
Habló de la vigilancia del corazón, la interpretación de los signos de los tiempos y la sensibilidad a lo que Dios dice en la vida diaria. «Por tanto, velad y orad en todo momento»: estas palabras de Jesús se convirtieron, en la homilía, no en una advertencia, sino en una invitación a mantener la atención interior y la paz en un mundo lleno de incertidumbre.
El padre Kaznowski también recordó que las crisis —personales, familiares y sociales— pueden ser espacios para un nuevo comienzo: «Algo termina, pero algo nuevo tiene la posibilidad de nacer».

Esta homilía actuó como una brújula espiritual para el sábado: calmó, ordenó nuestra mirada y señaló a Jesús que viene no solo «un día», sino ahora, en el corazón de cada día.

El sábado se convirtió en un día de intenso trabajo, de esos que no nos dejan cansados, sino iluminados. Al escuchar los informes de cada país, vi cuán diferentes son nuestras circunstancias, pero cuán profundamente coinciden nuestros deseos. Nuestra región enfrenta desafíos: comunidades envejecidas, falta de visibilidad, divisiones generacionales y, a veces, una comprensión incompleta de nuestro papel dentro de la Familia Salesiana. Sin embargo, cada voz, cada testimonio, transmitía la misma idea: «Queremos vivir el carisma; queremos ser necesarios; queremos formar y ser formados».

Trabajo en grupo: Un espacio donde emerge la verdad de nuestro «hoy» y «mañana»
El momento más intenso del sábado fue el trabajo en grupo.

Fue allí, en conversaciones a menudo muy abiertas y sinceras, donde expresamos lo que muchas de nuestras provincias han apreciado durante mucho tiempo. Escuchar nuestras reflexiones resonar en diferentes países y contextos fue profundamente conmovedor. Quedó claro que, aunque diferimos en cultura, experiencia eclesial, historia comunitaria y realidades sociales, los desafíos que enfrentamos son casi idénticos.

Surgieron tres áreas principales; algunos las han llamado no problemas, sino señales. No para agobiarnos, sino para señalar el camino para los años venideros.

• La primera área se refería a la identidad de los Cooperadores Salesianos. En muchos lugares, los Cooperadores Salesianos (SSC) todavía se ven simplemente como un grupo de ayudantes o voluntarios, no como una rama completa de la Familia Salesiana con su propia misión, espiritualidad y vocación. A veces, incluso algunas comunidades SDB y FMA no comprenden plenamente nuestro lugar y papel. El tema de ser irreconocibles en los eventos de la Familia Salesiana, la dificultad de ser vistos solo como voluntarios y la falta general de claridad sobre quiénes somos realmente, fue recurrente. Sin embargo, surgieron algunas propuestas muy concretas: compartir nuestra vocación de forma más consciente y activa, presentar iniciativas y testimonios, tomar la iniciativa en lugar de esperar invitaciones y crear más oportunidades para una colaboración profunda con los SDB, las FMA y otras ramas de la Familia Salesiana. Para mí, este debate fue uno de los momentos más impactantes del día. Tocó la esencia de nuestra identidad: la convicción de que si no nos defendemos, otros no sabrán cómo trabajar con nosotros. Y Don Bosco siempre nos ha visto como el brazo laico de su carisma.

• El segundo tema se centró en la cooperación con los jóvenes y la creciente brecha generacional. Este tema se repitió en todos los grupos, independientemente de si los ponentes provenían de Polonia, Eslovenia, República Checa, Bielorrusia o Ucrania. Vemos las mismas preocupaciones en todas partes: comunidades envejecidas, falta de reconocimiento de los SSS entre los jóvenes y dificultades derivadas de las diferencias generacionales que a veces dificultan la colaboración. Sin embargo, este punto también trajo consigo una esperanza excepcional. Los participantes propusieron crear espacios reales de cooperación con los jóvenes, confiándoles responsabilidades significativas, escuchando sus opiniones e invitándolos a cocrear iniciativas. En todos los países, el deseo era el mismo: que nuestras comunidades fueran espacios de vida, lugares de diálogo y aprendizaje mutuo.

• El tercer tema se centró en la activación de los miembros y la solidaridad económica. Se trata de un tema complejo pero muy necesario, cercano a la vida cotidiana de muchas provincias. Muchos de nosotros luchamos con la baja participación de algunos miembros, la débil integración entre centros locales, la inestabilidad financiera y, en ocasiones, la falta de transparencia. También aquí surgieron propuestas específicas y viables: diagnosticar las causas de la inactividad, crear encuestas anónimas, mantener una comunicación regular e invitaciones personales a colaborar, profundizar la formación, aumentar la transparencia financiera, buscar nuevas fuentes de financiación y fortalecer la solidaridad económica tanto dentro de las provincias como en toda la región.

Esta parte del Congreso fue excepcional. Muy práctica, muy concreta, pero llena de espíritu porque tocó la realidad de nuestras comunidades. Las propuestas fueron sensatas, realistas y arraigadas no en las estructuras, sino en la misión. El paseo vespertino por Cracovia y el rosario dirigido por la Hermana Maja Dolenec demostraron que el trabajo y la espiritualidad no son dos caminos separados. Al estilo salesiano, siempre van de la mano. Sabiduría y oración. Análisis y contemplación. Discernimiento y alegría.

Encuentro con la Delegada Mundial de las FMA, Hermana Lucrecia Uribe: Una decisión que genera futuro
El sábado también tuve un importante encuentro con la Delegada Mundial de las FMA, Hermana Lucrecia Uribe. Para mí, fue uno de los momentos clave del Congreso. En una conversación sincera, llena de realismo pero también de esperanza, confirmamos que nuestra región necesita una secretaría. Porque, aunque cada una aporta mucho, llega un momento en que la buena voluntad no basta. Necesitamos estructura: personas que puedan ofrecer un apoyo real a nuestra Consejera, Blažka. No fue solo una decisión administrativa. Fue una expresión de madurez: la conciencia de que la responsabilidad compartida también requiere herramientas.

Una noche de alegría: Los salesianos «Andrzejki»
Después de un día completo de trabajo, llegó una bocanada de aire fresco que no solo nos relajó, sino que también nos ayudó a construir comunidad. El «Buenas noches» del Padre Henryk Bonkowski, SDB, se convirtió en un verdadero viaje. Nos introdujo al mundo de los países de misión: sus colores, canciones, ritmos y gestos. Aprendimos danzas, canciones e invocaciones misioneras.

Sencillo pero lleno de alegría, calidez y la energía oratoriana natural. La guitarra, los objetos coloridos, la espontaneidad: todo creó una atmósfera que nos recordó que la alegría es el lenguaje de Don Bosco.
Sin embargo, en medio del entusiasmo, hubo un momento de silencio que resonó aún más profundamente. El Padre Henryk nos dirigió en oración a María Inmaculada, en el segundo día de la novena en su honor. Esta breve pausa fue como la luz de una vela: delicada, concentrada, conmovedora en su sencillez.
Solo después de esta oración comenzó la velada de Andrzejki: una transición natural de la contemplación a la alegría, del silencio a la celebración. En las conversaciones y celebraciones que siguieron, algo nuevo brotó en nosotros. ¿Valor, quizás? ¿Un sentido de dirección compartida? O simplemente, esperanza.

Domingo con la Hna. Lucrecia: Una invitación que abre horizontes
El domingo nos brindó un momento de reflexión y síntesis. Durante el encuentro con la Hna. Lucrecia, esta vez abierto a todos los participantes, escuchamos una invitación que conmovió a muchos corazones. Fue una llamada a participar en el Congreso Mundial en Roma, organizado en el año jubilar que conmemora el 150 aniversario de la fundación de la Asociación de Cooperadores Salesianos. Sor Lucrecia habló con gran sencillez: que nos necesitamos unos a otros, que debemos encontrarnos con los «grandes» y los «pequeños», que la vida del carisma nace de la experiencia de toda la comunidad global.
Un pensamiento despertó en muchos de nosotros: «Este no es momento de encogerse. Es momento de crecer». Al escucharla, sentí como si se abrieran puertas, no solo hacia un evento, sino hacia una nueva etapa en nuestra presencia en el mundo, en la Iglesia y en la Familia Salesiana.
Las homilías y breves reflexiones que nos acompañaron durante los tres días fueron como pasos de un camino: el Padre Zygmunt nos recordó la realidad de Jesús que viene ahora; el Padre Marcin Kaznowski (durante la Eucaristía del sábado) nos ayudó a ver el «Día del Señor» no como una imagen apocalíptica, sino como una llamada a la vigilancia y la renovación; El Padre Piotr Lorek nos exhortó a «subir al monte del Señor», a asumir la ardua tarea de la ascensión que purifica, une y nos permite ver el mundo desde la perspectiva de Dios. Cada mensaje brilló como un punto de luz en el mapa de nuestras futuras decisiones.

Un Congreso que no ha terminado, sino que ha comenzado
Al regresar a casa, sentí que este Congreso no era simplemente una reunión de decisiones y protocolos. Fue una experiencia comunitaria capaz de aunar oración y trabajo, alegría y responsabilidad. Trajimos no solo resoluciones —sobre el secretariado, sobre mayor visibilidad, sobre la apertura a los jóvenes— sino también la imagen de una comunidad que, a pesar de los desafíos, quiere crecer en unidad.
Para mí, los momentos más hermosos fueron los gestos sencillos: las sonrisas después de la misa, los paseos compartidos, las buenas noches, las conversaciones vespertinas con una taza de té. Todo esto demostró que la Familia Salesiana está viva, no como una idea, sino como presencia y cuidado diario. Y este cuidado es lo que traemos de vuelta a nuestras inspectorías, listas para seguir construyendo el futuro de la Familia Salesiana, con esperanza, valentía y fidelidad a la vocación de San Juan Bosco.
Porque si algo quedó claro en este Congreso, es que el futuro de la Familia Salesiana no nacerá de la casualidad. Nacerá de la comunidad. De la responsabilidad compartida. De una esperanza profundamente arraigada. Y este fin de semana en Cracovia fue uno de esos momentos en que esa esperanza cobró nueva vida.

Agata K. Kołakowska
Coordinadora Provincial de los Salesianos Cooperadores
Provincia de Wrocław — Polonia