
El 9 de mayo 1876 era el domingo de la Ascensión, se celebraba la Ascensión de Cristo a los cielos, pero Jesús no nos ha dejado solos, había dejado como don el Espíritu a los discípulos y también les entrego un nuevo mandamiento: «Amaos unos a otros como hermanos».
Don Bosco eligió el domingo de la Ascensión para el inicio oficial de la Asociación de Cooperadores Salesianos. Hombres y mujeres de buena voluntad que se unieron para hacer el bien, para salvar sus almas contribuyendo así a la salvación de los jóvenes más pobres y abandonados.
El fundador, con una feliz intuición, comprendió la importancia de los laicos en la Iglesia con una previsión que da la medida de su vida inmersa en el Espíritu y se rodeó de personas que iban a llevar en el mundo su sistema educativo, y su estilo educativo.
Desde ese momento, con la difusión del carisma de Don Bosco en el mundo, también creció el número de laicos que, atraídos por el espíritu salesiano y con el deseo de comprometerse, se ponían a la par de los sacerdotes y las religiosas en la educación de los jóvenes.
Conscientes de que sólo con el amor, la religión y la razón se podría llegar al corazón de los muchachos, los Cooperadores se esfuerzan por vivir los valores del Evangelio en la vida cotidiana para ser testigos creíbles de Cristo y su amor por la humanidad.
La creatividad industriosa distinguió desde el principio la actividad de los Cooperadores: eran maestros, artesanos, entrenadores deportivos, actores de teatro y músicos, catequistas, madres de familias que enseñan el arte del bordado y la costura. Insertados en el tejido social, daban su aporte de autenticidad cristiana con el fin de orientar a los jóvenes a Cristo. Puntos de referencias para los niños y las niñas, pronto fueron apreciados por los sacerdotes y obispos por el carisma salesiano, y en particular, por la misión de los Cooperadores, que era y es un gran patrimonio de la Iglesia. En estos 140 años, pasando el testimonio de generación en generación, los Salesianos Cooperadores siempre han permanecido fieles al Reglamento que Don Bosco había elaborados para ellos y, adaptándolo al Magisterio de la Iglesia y a las necesidades de la sociedad, nunca han traicionado la esencia de la Asociación: estar unidos como hermanos, para hacer el bien a los jóvenes, testimoniando en la vida de todos los días la Buena Noticia en la sencillez, la alegría y en la fidelidad a Cristo y a su Iglesia. Gracias a Dios por esta vocación, continuamos junto con fidelidad gozosa el camino de santidad propuesto por nuestro PVA, seguros que en los momentos de prueba y dificultad tendremos a la par a nuestros hermanos y hermanas que comparten nuestro compromiso apostólico! María Auxiliadora, Don Bosco y todos los Santos salesianos bendigan siempre la Asociación y a los Salesianos Cooperadores

