Saludo a la hermana Leslye Sandigo

Querida hermana Leslye:
Quiero compartir los sentimientos de estas horas contigo.
Tú y yo ya habíamos hablado hace varios meses sobre el final de tu obediencia como Delegada, pero en mi corazón quería que esto sucediera lo más tarde posible.
Quienes viven en el mundo salesiano saben que siempre existe la posibilidad de un cambio en todos los niveles.
Fin del mandato para algunos, nuevos puestos para otros, tanto laicos como consagrados.
Comunidades, centros, consejos que viven la alegría de un recién llegado, otros que experimentan la tristeza por la partida de los que se van.
Reacciones humanas, comprensibles, porque vivimos juntos, compartimos experiencias más o menos hermosas con respecto a la conciencia, la fe.
Una dimensión tan íntima donde, viviendo la Asociación, encontramos a Dios, nos ayudamos mutuamente para continuar adelante y, si una presencia como la tuya, querida Sor Leslye, te ayuda a comprender cómo ver esta Presencia, no siempre obvia, porque con los ojos de los hombres no siempre somos capaces de ver cómo con los ojos de la fe; entonces, cuando esta persona se va, uno se siente mal.
Pero los hermosos recuerdos de cuanto hemos realizado juntos, del apoyo que nos han brindado, tanto a la Asociación como a mí personalmente, son más fuertes que la velada tristeza de la separación. Estamos seguros de que el Señor no hace las cosas por casualidad o para hacer sufrir a las personas, sino que se sirve de todos para el bien de todos. Estoy seguro de que el lugar donde el Señor está pensando en el futuro para ti lo harás tan bien como lo has hecho entre nosotros. Comparto mis sentimientos y los de todo el Consejo mundial agradeciéndote y dándote las gracias el tiempo que nos han brindado sin límites, y pidiendo a María Auxiliadora con nuestra oración que siempre la apoye y la proteja. Un abrazo fraterno con sincero afecto.

El coordinador mundial
Antonio Boccia