XXVIII Capítulo General, saludo de la ASSCC

Querido Don Ángel, queridos hermanos Salesianos capitulares presentes en el XXVIII Capítulo General:

Con un inmenso placer os dirijo un breve saludo en este momento tan importante para toda la Congregación.

Pensé en un saludo personal por el afecto y la estima que me une a vosotros y a todos los salesianos cooperadores que nos acompañan con la oración en estos días.

Pensamiento que quiere ser un estímulo para cada uno de vosotros, para que estos días de trabajo den los frutos esperados para poder responder a los jóvenes en las demandas que plantean en estos momentos, tanto a vosotros como a toda la Familia Salesiana.

Me gustaría escribir mis pensamientos sobre el futuro “Salesianos para los jóvenes de hoy” con un “lápiz”. Quizás el que está entre las manos de Don Bosco mientras escribe sentado en su escritorio.

Este lápiz atesora cinco cualidades:

Primera cualidad: tienes el conocimiento que se pueden hacer grandes cosas, pero no te olvides que el lápiz escribe aquello que la mano quiere que haga. Deja que Don Bosco te sugiera lo que el Señor quiere de cada uno para hacer Su voluntad. Guía a los jóvenes para que escriban ricas y hermosas páginas en sus vidas. Ayúdalos a soñar.

 Segunda cualidad: de vez en cuando, deja de escribir y usa el sacapuntas. Es un gesto que causa algo de sufrimiento, de desgaste en el lápiz pero, al final, le convierte más puntiagudo y capaz de escribir con un trazo más decidido. Aprende a soportar el dolor, la fatiga, las decepciones y las dificultades: serás mejor salesiano, capaz de escuchar y acompañar a los jóvenes que conoces, compartiendo con ellos las dificultades de su vida.

Tercera cualidad: el lápiz te permite utilizar una goma para borrar todo aquello que esté mal. Corregir una acción o un comportamiento no es necesariamente algo negativo. Los jóvenes quieren testigos que sean auténticos. Tienes que presentarte, que mostrarte, con honradez y transparencia, realzando la capacidad de saber volver al juego y de cómo levantarte de las caídas, a partir de tus propios errores. Aprenderán, sin desanimarse, a mejorar cada día y experimentarán en su vida el optimismo salesiano cotidiano.

Cuarta cualidad: lo que realmente importa en el lápiz no es la madera ni su forma externa, sino la mina de grafito que se contiene dentro de él. Cuida la espiritualidad personal, extrae energía de la vida Comunitaria. Demuestra que te quieres a ti mismo, que los hermanos rezáis juntos, que vivis juntos. Los jóvenes se beneficiarán de vuestro ejemplo para fortalecer su fe. Así también les ofrecerás una perspectiva vocacional si ven que eres feliz y estás satisfecho de tu propia elección.

Quinta cualidad del lapicero: siempre deja una marca. Del mismo modo, todo lo que haces en tu vida, en la comunidad donde vives, en los jóvenes que conoces, dejará huella. Comprométete a ser plenamente consciente de cada acción. Dedica tiempo y atención a los jóvenes que te piden poder compartir un “pedazo”, una parte de sus vidas. Que cada uno se sienta protagonista al encontrarse contigo. Que aquello que trasladen a sus vidas sean momentos que hemos vivido, que hemos compartido juntos.

Que María Auxiliadora sea siempre vuestra Maestra y Guía.

Un fuerte abrazo fraterno

                                                                                                                                           El Coordinador mundial